Enseñanza del español a personas inmigrantes

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A     L      L      E     R

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22 de febrero y 1, 8 y 15 de marzo de 2013

 

Ya en 2012, intenté apuntarme a este taller, pero por una cuestión de incompatibilidad de horarios me vi obligada a dejarlo para más adelante. Supe de la existencia del mismo gracias a los correos que los estudiantes de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) recibimos desde el Servicio para el Compromiso Solidario y la Cooperación al Desarrollo.

El taller 4×4 Herramientas Básicas para la Enseñanza de Español a Personas Inmigrantes me llamó la atención por dos razones: en primer lugar, porque abordaba de una manera en principio atractiva y amena el tema de la enseñanza del español, que me interesa en gran medida; pero también porque los estudiantes destinatarios de dicha enseñanza pertenecerían a un colectivo muy particular, normalmente relegado a un segundo plano cuando en los estudios de Traducción e Interpretación se insiste en el desarrollo de una sensibilidad y consciencia interculturales.

Puesto que parece que después de todo no sólo tendremos la oportunidad de tratar con diplomáticos y jefes de estado, o pasar horas aislados en una cabina o estar solos delante de una pantalla de ordenador, sino que de hecho es también muy probable que entremos en contacto con personas inmigrantes, ya sea en un contexto como el que se plantea en este curso o bien en la consulta del médico, por ejemplo, como mediador e intérprete en caso de que el paciente no hable el idioma, este taller me pareció un complemento interesante que añadir a mi formación.

El curso constaba de cuatro sesiones, a saber: Hacia una sociedad intercultural, Cómo enfocar un curso de Español para Inmigrantes como Lengua de Convivencia (programación y metodología); Recursos didácticos para la enseñanza del español (creación de materiales), y  El factor socioafectivo en la enseñanza del español.

En cada una de dichas sesiones, Victoria Khraiche, Eva García, Azucena Lorenzo y Cristina Fernández nos transmitieron sus experiencias y nos ayudaron a crear recursos para abordar la enseñanza del español en diferentes contextos.

Resulta obvio que todo estudiante extranjero tiene derecho a recibir una enseñanza de calidad, independientemente de sus condiciones sociales o económicas. No obstante, para obtener resultados óptimos, sí que hay que  tener en cuenta cuáles son los objetivos de cada estudiante al aprender un idioma, diversificar materiales y saber cómo adaptar programas y contenidos a las necesidades específicas de cada grupo. De lo contrario, se corre el riesgo de que la enseñanza sea demasiado encorsetada y, por ende, ineficaz.

Como profesores, nuestra primera tarea consiste en descubrir e interpretar las necesidades de nuestros estudiantes, es decir, hemos de observar, investigar y reflexionar sobre su situación para poder elegir los contenidos, especificar los objetivos, planificar las tareas. Los docentes cuentan con multitud de recursos y materiales a su disposición para la programación de actividades, elección de contenidos adecuados y el desarrollo de sus clases, así como con guías y marcos generales de referencia de planificación y evaluación. En el Centro Virtual Cervantes, se pueden encontrar listas y reseñas de manuales de español.

En este sentido, también resulta extremadamente útil el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL), que establece los conocimientos y destrezas que el alumno debe poseer y las habilidades que ha de desarrollar para alcanzar un determinado nivel de competencia en una lengua.

Existen innumerables enfoques y maneras de afrontar la enseñanza de idiomas: desde el tradicional método gramática-traducción –acompañado  del análisis histórico-literario pertinente—, pasando por las propuestas naturalistas –basadas en una visión conductista y en un aprendizaje más intuitivo—, y más tarde por el estructuralismo de los años 50 –análisis contrastivo basado en elementos de fonología, morfología y sintaxis y en el que se usan ejercicios de repetición y la práctica de estructuras. Fue años más tarde que lingüistas británicos señalaron la relevancia de la creatividad y la singularidad de las producciones lingüísticas de los hablantes nativos y quedó evidenciado el potencial funcional y comunicativo de la lengua.

Es por ello que nuestro principal objetivo debe ser el de conseguir que nuestros estudiantes, al terminar el curso, posean las herramientas y estrategias lingüísticas y sociales necesarias para desenvolverse en diferentes situaciones de su vida cotidiana.

Uno de los aspectos de la enseñanza de idiomas a estudiantes extranjeros que más me interesaba era la atención del docente a la dimensión afectiva del aprendizaje en el aula.

El grupo de estudiantes normalmente llegará al aula con unas expectativas y nos verá ya sea como mera fuente de conocimiento, objeto de admiración al que imitar para conseguir hablar la lengua con corrección o incluso como consejero laboral y social.

Nuestra actitud frente al grupo determinará el éxito en su aprendizaje. Para ello es preciso fomentar el que el grupo adquiera una conciencia colectiva de manera que desde el progreso individual de cada uno de ellos, se consiga el avance de todos los demás a lo largo del curso. Del mismo modo, se necesita fijar los límites de nuestra implicación.

En este momento comienza nuestra verdadera tarea como auténticos mediadores interculturales; no se trata únicamente de conseguir que aprendan a advertir los características propias de su cultura, ni siquiera de que una vez que sean conscientes de dicha idiosincrasia, contrasten las diferentes maneras de interpretar y ver el mundo. Los estudiantes necesitan la motivación, la atención, la consciencia intercultural y la empatía para alcanzar la distancia suficiente y poder comprender y mediar entre las dos culturas.

Una vez adquirida esa capacidad para superar las relaciones estereotipadas, resulta interesante hablar del español, tanto en el aula y en el país de acogida –por así decirlo—como lengua de convivencia o herramienta de integración, algo sobre lo que se insistió mucho a lo largo del taller; y es que cuando estas personas llegan a España traen un bagaje cultural que la mayoría de las veces no son capaces de comunicar y eso da lugar a frustración, miedo, rechazo y en definitiva sentimientos e ideas que los estudiantes pueden expresar y compartir empleando una suerte de lingua franca como vehículo.

El compartir sus experiencias y sentirse escuchados, es bueno para su sentido de valor personal, así como el sentirse de nuevo parte de un grupo en un entorno que le es completamente ajeno y extraño. La autoestima en el contexto de la enseñanza es esencial para la motivación intrínseca, sin la que no es posible el logro académico.

A modo de conclusión, me gustaría hacer referencia a la idea del aprendizaje-servicio, empresa ambiciosa y nada baladí. En cualquier caso, considero que se trata de una posible vía de integración en la sociedad, que aumenta la resiliencia de los inmigrantes y la fe en sí mismos y que el efecto Pigmalión resume en qué consiste este servicio beneficioso para todos.

Por último, tan sólo quería decir que, desde que conocí a Yakuba en el taller, siempre:

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